Cuando el precio interno del azúcar baja a causa de una sobreoferta en el mercado que deriva de exportaciones de excedentes del producto comprometidas a efectuarse, pero finalmente no concretadas, los únicos responsables de la situación son los industriales azucareros, aunque a menudo los dueños de los ingenios pretenden que las culpas por este tipo de crisis sean compartidas con los cañeros.
El solo hecho de que los fabricantes de azúcar se atribuyan la potestad de la exportación los convierte en artífices excluyentes del cuidado del valor del producto en la plaza nacional. Cada año, los propietarios de los ingenios acuerdan con los cañeros el porcentaje de excedentes que deberán exportar o transformar en alcohol directo de caña a fin de evitar que caiga el precio interno, el que mayores recursos genera para el sector azucarero. Los industriales retienen a los agricultores el azúcar que se supone que será excedente, con el compromiso de exportarlo. Pero no siempre terminan cumpliendo tan importante propósito, e incluso algunos "empresarios" directamente se quedan para sí el producto que les retuvieron a los cañeros.
Según un informe elaborado por el Centro de Agricultores Cañeros de Tucumán (Cactu), para la zafra 2011 se acordó exportar 209.000 toneladas de azúcar y producir 100.000 m3 de bioetanol, equivalentes a otras 164.000 toneladas de azúcar. Total de excedentes transformados en azúcar: 373.000 toneladas de azúcar. Para el cañero representó un 20% de su producción -que le retuvieron todos los ingenios a todos los cañeros- y otro 6% de azúcar para el fraccionado barato que exige el Gobierno nacional, a un precio absoluto de quebranto. Cactu destaca que de las 209.000 toneladas de azúcar a exportar, hasta el 31 de enero de 2012 sólo se habían enviado al exterior 102.771 toneladas efectivamente, aunque la entidad cañera aclara que el Centro Azucarero Argentino (CAA) informa que 24 de febrero último serían 116.885 toneladas de azúcar. Sin embargo, Cactu sostiene que oficialmente todavía no se pueden computar estos volúmenes añadidos, ni los nuevos contratos de exportación por 23.346 toneladas más que busca sumar el CAA. Es frecuente que los industriales pretendan dar por hecho exportaciones que están en etapa de proyectos, o ya acordadas y cerradas, pero no realizadas efectivamente. Lamentablemente, el mercado no se conforma con anuncios o promesas sin sustento.
En el derrotero de incumplimientos de las pautas exportadoras, los cañeros llegaron incluso a superar diferencias entre las entidades que los representan. Unidos no por el amor sino por el espanto -a decir de Borges- los productores no pueden contener la indignación que les brota a raíz de la desfachatez industrial que consideran intolerable. Lo más grave es que, además del perjuicio económico que los ingenios les propinaron no sólo a los cañeros, sino a la actividad en su conjunto y a la Provincia que recauda impuestos, los agricultores no están dispuestos a cerrar nuevos pactos con este sector empresario si el Estado provincial no se convierte en un nuevo miembro de la mesa azucarera nacional. En realidad, este planteo no es novedoso, como tampoco serán novedosas las excusas de Gobierno tucumano para no meterse en una actividad privada, que incluso tiene alcance nacional.
Lo más grave, según el diagnóstico de los cañeros y del solitario presidente del Centro Azucarero Regional de Tucumán (CART), Julio Colombres, es que, además de la insoportable presencia de industriales que siempre juegan su juego, sin pensar en el conjunto, en el sector hay empresas líderes nacionales que pretenden ser tratadas como serias, que este último año tuvieron un accionar por lo menos lamentable.